En la entrada anterior analizamos brevemente que son los antropomorfismos y cómo debemos entenderlos, en esta entrada estaremos analizando cuales fueron las dificultades que tuvieron los judíos helenistas al traducir del hebreo al griego la famosa versión conocida como Septuaginta o la versión de los LXX que fue respaldada por los autores del Nuevo Testamento.
En el AT observamos con toda claridad el uso correcto de los antropomorfismos sin alterar la suma trascendencia de Dios, sin embargo a causa del politeísmo de la cultura helenista que atribuía a sus dioses formas humanas literales (claramente evidenciado por sus estatutas; cf. Hechos 17:29) los judíos de habla griega, apasionados por su monoteísmo, y refractarios contra todo aquello que atente contra la trascendencia absoluta de Dios, que disuelva la esencia pura e infinita del Creador en un mero hombre, la idea de un Dios antropomórfico se convertía un escándalo blasfemo. A causa de esto, los judíos helenistas responsables de la traducción de los LXX suavizaron el significado de los vocablos hebreos en algunos pasajes como veremos a continuación:
"En Éxodo 24:10, el texto hebr. dice: Y vieron al Dios de Israel, pero los LXX tradujeron: Y vieron el lugar donde estaba el Dios de Israel. En Nm 12:8, el hebreo dice: Boca a boca hablaré con él, pero los LXX tradujeron: Hablaré con él boca a boca, aparentemente."[1]Igualmente el Dr Antonio Piñero, experto en filología antigua explica lo siguiente sobre la manera como los traductores de los LXX le imprimen al texto su propio estilo helenista:







