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martes, 14 de febrero de 2012

El Problema entre Dicotomía y Tricotomía en el Hombre


La sicología del ser espiritual del hombre es sin duda un tema interesante, los que apoyan el punto de vista de la tricotomía, enseñan que la esencia del hombre puede ser divisible en espíritu, alma y cuerpo, y citan textos como Hebreos 4:12; 1Tesalonicences 5:23 los cuales aparentemente sostienen el punto de vista tricótomo, pero es necesario hacer un análisis más profundo del texto sagrado y de la historia de la Teología para llevar a buen término nuestra breve reflexión. Antes de continuar, de antemano señalamos que el concepto de la tricotomía del hombre es un error que se ha enseñado y se continúa enseñando, más o menos de la siguiente manera:

A.     Cuerpo: El asiento de las emociones y de la vida física.

B.     Alma: La parte intelectual del hombre que no es regenerada.

C.     Espíritu: La parte regenerada del hombre y sensible a la voluntad divina.

Considerando esta forma de percepción, es necesario estudiar los conceptos antropológicos de los respectivos contextos tanto del AT como del NT, para acercarnos concretamente a la concepción bíblica de la sicología esencial del hombre. Por eso cabe señalar en primer término que el concepto hebreo de alma es muy diferente al concepto de la cultura griega posterior y al concepto popular. Siendo así, los escritos del AT usaron el vocablo nefesh de difícil traducción y que puede significar la totalidad del ser humano como una criatura viviente (Génesis 2:7) igualmente nefesh se usa para referirse a los animales como seres vivientes (Génesis 2:19)[1]. Todo esto, difiere radicalmente de la idea popular de alma como un ente abstracto y espiritual que es capaz no solo de “sobrevivir” a la muerte sino de hablar y molestar a las personas, definiendo el concepto de Alma Julian Charley dice:

«De aquí podemos deducir que para los hebreos un alma abarcaba la totalidad del ser de un hombre, no una parte interna encerrada en el cuerpo. Si los diferentes órganos del cuerpo expresan personalidad en algún aspecto (p. ej., las entrañas sugieren compasión) el alma es todo inclusiva y no limitada a la parte interna de la vida humana. Una ecuación psicológica aproximada es que alma viviente es igual a la carne animada por el aliento divino o Espíritu. Cuando el salmista exclama “Bendice alma mía a Jehová” (Salmo 103:1, 2), está apelando a su personalidad total. Así, frecuentemente los escritores del Antiguo Testamento hablan de “las almas” cuando nosotros diríamos “el pueblo” (p. ej. Ex. 1:5)»[2]

En el NT, la palabra que utilizaron los hagiógrafos para hablar de alma es psujé cuya semántica se amplía y se complementa. No obstante mantienen su concepción antropológica hebrea. En el canto conocido como El Magnificat (Lucas 1:46) María proclama: Engrandece mi psujé al Señor; 47 Y mi pneumá se regocija en Dios mi Salvador. Este paralelismo típicamente hebreo demuestra que al igual que David (Salmo 103:1; 2) María está hablando de su ser completamente, de modo que ambos términos psujé como pneumá pueden considerarse intercambiables. Pablo es sin embargo el escritor bíblico más prolífico, el cual acentúa el concepto hebreo de psujé de manera muy sustantiva. Dice Ridderbos:

«Para Pablo, el alma no es ―a la manera griega― lo inmortal en el hombre, a diferencia de su «cuerpo» (σώμα), ni tampoco denota lo espiritual a diferencia de lo material. La palabra psujé (ψυχή) significa en general la vida natural del hombre como se ve en las siguientes expresiones literales: «buscan mi psujé (esto es, «procuran matarme»,  Ro 11:3), «expusieron su cuello por mi psujé» (esto es, «para salvarme», Ro. 16:4) y «hubiéramos querido entregaros…nuestras propias psujé» (esto es, «nuestras propias vidas», 1Tes. 2:8)[3].



Desde este punto de vista, está claro que en la cosmovisión paulina psujé abarca la vida física como tal, no existe la dualidad griega platónica del alma encerrada en el cuerpo, nada dice Pablo una pre-existencia de las almas en el mundo de las ideas ―como lo enseñó Platón― en su concepción filosófica[4]. Igualmente hay un indicativo importante que lleva el significado de psujé a una dimensión más profunda, es decir, a la vida del ser interior, cuando dice Pablo en Efesios 6:6 sobre el servicio a Dios debe ser de corazón (psujé), ya no como referencia al ser exterior sino al ser interior[5].

En pasajes como Mateo 10:28; Hebreos 10:39; 1Pedro 1:9, entre otros, el significado de psujé se amplía considerablemente, pues psujé trasciende la vida física per se y señala la subsistencia del ser espiritual humano, como dice G. Ladd: «El Nuevo Testamento también usa psyjé para designar el centro de la vida, que trasciende la existencia corporal y que por tanto es objeto de especial salvación (Stg. 1:21; 5:20; 1P. 1:9; 2:25; He. 13:17) y del crecimiento cristiano (2Co. 12:15; He. 13:17). La principal preocupación del hombre no debe ser el bienestar de su cuerpo sino la preservación de su alma (Mt. 10:28; Mr. 8:35, 36, 9:43 y sigs.).»[6]. Sin embargo esto no es una contradicción, el mismo Ladd aclara esta idea: «En referencias como éstas, psyche es el yo esencial del ser humano, capaz de una existencia continuada después de la disolución del cuerpo. Este es un uso que no contradice sino que complementa, el uso paulino del término»[7]

Ahora bien, ¿Cómo debemos entender el uso del término pneuma = espíritu en el mismo contexto del NT? El espíritu humano en algunos casos es entendido como un concepto intercambiable con alma = psujé tal como lo señala Ridderbos: «Lo mismo que psujé, la palabra pneuma denota el hombre en su existencia natural, considerado desde su interior. La evidencia más clara está en el uso paralelo de «no tuve reposo en mi pneuma» (2Co. 2:13…Cuando Pablo en otros pasajes «la gracia de Cristo sea con vuestro espíritu» (Gá. 6:18: Fil. 4:23; Flm. 25) ellos significa lo mismo que «con vosotros»…En el mismo sentido en que habla «ser de una psujé», etc., el apóstol habla también de estar «en un mismo espíritu» (Fil. 1:27). Todas estas expresiones no indican otra cosa que el hombre en su existencia natural interior»[8]. No obstante, Ladd enseña que existe otro aspecto importante sobre el espíritu al señalar: «Otro aspecto  importante de pneuma se encuentra en contextos en los que se contrapone al cuerpo como una dimensión íntima del ser humano que contrasta con la externa. Es necesario buscar la santificación tanto del cuerpo como del espíritu (1Co. 7:34; 2Co. 7:1)»[9]

Después de haber considerado el problema conceptual del AT y del NT sobre el alma y el espíritu, ahora podemos sacar importantes conclusiones antropológicas, por un lado, debe considerarse que el punto de vista de la tricotomía no considera en profundidad los contextos hebreo y griego, la tricotomía considera tanto el cuerpo como el alma y el espíritu como elementos divisibles dentro del mismo hombre, esto debe considerarse como un error, pues la Biblia no intenta hacer una distinción de estos aspectos, igualmente hay que observar ―según Buswell― que la teoría tricotomista tiene su trasfondo en la herejía conocida como Apolinarismo del Siglo IV d.C.[10].
«A diferencia de la tricotomía, el punto de vista común de los teólogos ortodoxos a través de la historia eclesiástica ha sido que el hombre es dicótomo. Es obvio que su cuerpo se separa de su ser no material al morir. El hombre no material, una complejidad a la cual se hace mención por una variedad de nombres funcionales, es sin embargo una sola entidad sustantiva no material, indivisible.»[11]

Ningún pasaje de la Escritura, especialmente en el NT intenta dar una separación entre el alma y el espíritu,  se utilizan simultáneamente, en algunos intercambiablemente, pero contrariamente a la antropología de Rudolf Bultmann, quien afirma que no hay en el hombre una entidad divisible de su cuerpo (gr. soma) de modo que se puede considerar al hombre “no como teniendo soma sino siendo soma[12], podemos afirmar categóricamente que según la Biblia y la teología cristiana en el hombre hay una integración de cuerpo, alma y espíritu, sin que desde luego esto constituya una tricotomía. En cuanto al conocido pasaje de Hebreos 4:12 cabe la aclaración que no existe un intento de dividir el alma del espíritu, las coyunturas  de los tuétanos y tampoco dividir los pensamientos de las intenciones, la hermenéutica exige que no debemos parcializar el texto y considerar solo el alma y espíritu, sino los demás elementos mencionados en el pasaje, de modo que tendríamos que hacer división entre pensamientos e intenciones, cosa improbable ya que en el pasaje son la misma cosa. Del mismo modo debemos considerar en conocido pasaje de 1Tesalonicenses 5:23, dice Lacueva: «En cuanto a 1Ts. 5.23, hemos de advertir que Pablo no intenta darnos una “tricotomía”, sino distinguir las partes integrantes del ser humano sin intentar una escisión entre ellas»[13]

Espero haber aclarado en vez de haber confundido a muchos hermanos que quizá hayan tenido dificultades en su entendimiento sobre este tema.



[1] Véase, JULIAN CHARLEY, Cincuenta Palabras Clave de la Biblia, (El Paso: Tx, Casa Bautista de Publicaciones, 1987) p. 15
[2] Ibíd.
[3] HERMAN RIDDERBOS, El Pensamiento del Apóstol Pablo, (Grand Rapid: Michigan, Libros Desafío, 2000) p. 155
[4] Véase, el muy valioso libro de JOSTEIN GAARDER, El Mundo de Sofía, 3ª edi. (Madrid: Ediciones Ciruela, 1994) pp. 100-109
[5] Véase, GEORGE E. LADD, Teología del Nuevo Testamento, (Terrassa: Barcelona, CLIE, 2002) p. 613
[6] GEORGE E. LADD, Crítica del Nuevo Testamento: Una Perspectiva Evangélica, (El Paso: Tx., Mundo Hispano, 1990) p. 78
[7] G. E. LADD, Op Cit., ver nota 17, p. 613
[8] H. RIDDERBOS, Op. Cit., p. 156
[9] G. E. LADD, Op. Cit., p. 614
[10] Véase el Fragmento de la obra de JAMES OLIVER BUSWELL JR., “Teología Sistemática de la Fe Cristiana”, En: El Caso de la Dicotomía o Tricotomía, Blog de Teología Reformada, publicado en el Web Site: http://inp-reformada.blogspot.com/2010/06/el-caso-de-la-dicotomia-o-tricotomia.html
[11] Ibíd.
[12] Véase la disertación de G. LADD, Teología, p. 617
[13] FRACISCO LACUEVA & ALFONSO ROPERO,  “DICOTOMÍA” en: Diccionario Teológico Ilustrado, (Terrassa: Barcelona, CLIE, 2001) p. 231

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